Sección: Economía y Finanzas

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El valor de los millones

Edición: 11 - Medicamentos: El mercado más preciado, octubre, 2007
Por: Arquímedes Román A.

imagenUn inteligente recorrido por los recovecos de la reconversión monetaria nos pasea por lo que habrá detrás de la eliminación de tres ceros a nuestra moneda.

Uno de los temas económicos más comentados en estos meses es la reconversión monetaria. Cada vez es más intensa la campaña informativa que adelanta el Banco Central de Venezuela para hacer llegar a la población el verdadero sentido de esta importante operación, sus beneficios y, sobre todo, cómo manejar las muchas situaciones operativas que se producirán con el cambio de moneda.

Desde hace muchísimos años en Venezuela no se había cambiado la moneda. Hoy nadie tiene memoria propia de un evento como éste, a diferencia de otros países donde cualquier adulto ha visto en el transcurso de su vida una o más reconversiones. Es el caso de Chile, Argentina, Brasil y otros, donde los procesos inflacionarios sin control pulverizaron sus monedas y se hizo indispensable cambiar las viejas por otras de valor más significativo.

La reconversión venezolana, que no es más que quitarles tres ceros a los actuales bolívares y en su lugar emitir nuevas monedas, es una operación que algunos relacionan con un remedio para la inflación. Hay que estar claros en que esta medida no va a evitar mágicamente dicho fenómeno a futuro. Si la economía venezolana continúa contaminada con el germen inflacionario, cualquiera sea la moneda, bolívar fuerte o bolívar fortísimo, el proceso de pérdida de valor seguirá con su propia dinámica.

Solamente un conjunto de estrategias económicas antiinflacionarias podría controlar la inflación presente y la futura. Lo único que la reconversión corregirá es la huella, no el efecto ya causado por inflaciones pasadas. Es como quien tuvo una fuerte gripe y quedó con una tos residual. El jarabe para esta última posiblemente eliminará esta secuela de la enfermedad, pero no lo inmunizará, como si fuera una eficaz vacuna, para futuras afecciones gripales.

La reconversión representará un gran alivio para todos aquellos que procesan muchas cifras en bolívares. Los contadores, los administradores, los asesores contables, los economistas, estarán en poco tiempo felices por la simplificación que se producirá en las operaciones aritméticas con bolívares. Las empresas, los bancos, el Seniat, ¿y quién sabe cuántos más?, manejarán sus registros en el muy cómodo, desde el punto de vista de los cálculos, bolívar fuerte. Las viejas calculadoras de ocho dígitos recuperarán su utilidad y en general habrá una importante simplificación de las operaciones financieras y de su registro.

Este proceso ha originado ciertas dudas y sospechas en personas desconfiadas y aprensivas. Piensan que puede ser una trampa diabólica para confiscar los ahorros de las clases media y alta, mediante el truco de no convertir a la nueva moneda sino una cantidad determinada por el Gobierno para cada venezolano. Una especie de confiscación financiera similar a la ocurrida en Argentina hace unos pocos años. Otros temen que se origine un incremento de precios por efecto del redondeo. Esto, técnicamente, no debería pasar, pero en algunos y limitados casos es posible que ciertos proveedores aprovechen la circunstancia para aumentar sus costos. Sin embargo, está previsto que desde octubre de este año los precios deben anunciarse y cotizarse en ambas monedas, aun cuando todavía no circule el bolívar fuerte, con el propósito de evitar cambios súbitos de valor a partir del 1 de enero de 2008.

Adicionalmente, uno de los beneficios colaterales que obtendremos es que progresivamente se recuperará el sentido de lo que significa el millón, el millón como cantidad. El hecho es que sabemos que un millón de kilos es muchísimo peso, un millón de metros es una distancia considerable, un millón de años es un tiempo inimaginable. Pero en contraste, un millón de bolívares es cada vez menos significativo como cantidad. En una economía donde una cena de varias personas en un restaurante cuatro estrellas fácilmente puede llegar y superar el millón de bolívares, donde un automóvil cuesta decenas de millones y donde una casa está por los varios cientos de millones, indudablemente los millones de bolívares, como cantidad, no guardan proporción con los millones de unidades físicas (kilos, metros, años, litros, etc.). Para los niños debe de ser difícil entender que un millón de años es un tiempo casi infinito y que un millón de bolívares es lo que cuestan sus útiles escolares.

Después de la reconversión disfrutaremos este pequeño e indirecto beneficio: la recuperación de sentido de los millones. Pero además tendremos la oportunidad de ver las caras de nuevos personajes en los billetes y quizás echaremos de menos a otros que desaparecerán. Cosas de la reconversión. imagen

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